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Las fotos de "A cien millas de Manhattan"

Portada a cien milllas de manhatan

El libro de Guillermo Fesser sobre la vida cotidiana en un pueblecito del estado de Nueva York ha despertado la curiosidad en miles de lectores. Atraídos por las descripciones cinematográficas de los paisajes, muchos de ellos han solicitado al autor que publique imágenes de las actividades descritas en A Cien Millas de Manhattan.
En respuesta a estas peticiones, iniciamos en la web una serie de entregas fotográficas que ilustran las memorias relatadas en este personal retrato de los Estados Unidos.

CAPÍTULOS

 

 

Correr descalzo


Descalzo

Agosto

"En el parque de Red Hook, aquella mañana fresca de principios del verano de 2003, me senté en un banco a observar como el grupo ascendía la colina, rodeaba algunos árboles y descendía de nuevo ladera abajo esquivando a las avispas. Una y otra vez. Interminables veces. No se cuánto tiempo se tiraron completando el encargo de sumar un total de 15 millas, pero el suficiente para que el rocío de la mañana pasase de la madera del banco a mis pantalones y sintiese el frío de la humedad en mis posaderas. Un momento estelar que aproveché para cuestionar mi vocación de periodista con una sencilla pregunta: ¿qué leñe hago yo aquí a las 6:45 de la mañana?. Cuando por fin rompieron filas y se acercaron a donde yo les aguardaba, nos saludamos y les pedí que posasen para sacar algunas fotos. Lo primero que noté es que les había cambiado la fisonomía. La diferencia con los dedos de los pies de la mayoría de los humanos, que cualquiera ha podido observar en un día de aburrimiento en la piscina, saltaba a la vista. Nuestros apéndices, atrofiados por la falta de uso, se apelmazan unos contra otros obligados a estrecharse por la horma puntiaguda del zapato. De hecho, con bastante frecuencia terminan por aplanarse en los laterales y, en lugar del volumen cilíndrico que les correspondería, adoptan el de un tetraedro que les asemeja más a unas patatas del McDonald´s con uña.
Tras dos temporadas de libertad, los pies de estos jóvenes presentaban unas plantas con forma de tronco de pirámide invertida. Empezaba en el talón y se iba ensanchando por el arco para terminar abierta, como las hojas de una palmera, en un ramillete de dedos. Cinco prolongaciones claramente redondeadas, separadas entre si y con vida propia. Apéndices que se movían de forma independiente, a voluntad de sus dueños, saludando con gracia a la cámara. Como aquellos del anuncio de la tele que hacían la ola al caerles una gota de cerveza, pero en tiempo real; sin necesidad de utilizar efectos especiales en la sala de postproducción.
Al entrenar descalzos, los pies de aquellos muchachos habían vuelto a posarse planos sobre el suelo, en un movimiento ligero y constante desde la punta al talón, reforzando con ello los gemelos y utilizando su energía para incrementar la distancia de cada zancada, en lugar de gastarla en golpear machaconamente el terreno. Con la tracción delantera ganaron en reprís y se hicieron más rápidos. Obtuvieron mayor facilidad para la arrancada y el salto y conservaron más energía para afrontar el sprint final. Parecía cumplirse la profecía del neocelandés Arthur Lydiard, (1917- 2004), preparador de muchos campeones olímpicos, padre del entrenamiento moderno e inventor del jogging, que mantuvo que si de algún modo la zapatilla pudiese permitir el desarrollo normal de los músculos del pie, en una competición de 10 kilómetros podría llegar a rebajarse la marca en un minuto".

Guillermo Fesser
"A Cien Millas de Manhattan" (Editorial Aguilar)

Coches

coches


Septiembre

"La segunda semana de septiembre las calles de Rhinebeck se llenan de vehículos de época. Cientos de trastos en perfecto estado de conservación que, al circular junto a las casitas de estilo victoriano, te trasportan al mundo de los documentales. Pasan por delante en fila, encaminándose hacia las explanadas del recinto ferial que está a tres manzanas al norte. Algunos de los conductores se han disfrazado para la ocasión y lucen chaleco, guantes sin dedos y gafas antiventisca. En el cruce se juntan los que van y vienen de las distintas direcciones, pero no se forman atascos. El sistema de las cuatro señales de stop, que viene a ser la rotonda pero sin fuente en el medio, funciona de maravilla. Todos tienen obligación de parar y la preferencia le corresponde a quien llega primero. Hay vehículos pequeños de los años cuarenta, negros, rojos, con sus motores al aire; hay larguísimos Cadillacs de color vainilla y azul turquesa, Pontiacs amarillo limón y Odsmobiles verde esmeralda. También pasan viejas camionetas de reparto que parecen de juguete y camiones de Coca Cola, de los de antes, que servirían perfectamente para decorar un jardín con sus cajitas de madera roja transformadas en macetas.
Durante el fin de semana se van a reunir en la concentración de Nationals, joyas de la automoción nacidas antes del 72, que se celebra anualmente en el condado de Dutchess. Poco a poco, las sesenta y ocho hectáreas de hierba de la feria van quedando moteadas por la colorista presencia de más de mil quinientos autos, que comparten espacio escénico con mercadillos de piezas y carpas en las que se realizan exhibiciones. Tanto los que están en venta como los que permanecen sólo en exposición, atraen a personal de todos los rincones de la costa este. De estos visitantes entusiastas, muchos se quedarán a dormir en sus caravanas al precio de treinta dólares la noche con derecho a enchufe de luz

 

y agua".

Guillermo Fesser
"A Cien Millas de Manhattan" (Editorial Aguilar)



Tormenta de hielo

 

tormenta


Diciembre

"Vuelve a nevar. Es una tormenta de hielo. La nieve cae muy húmeda, se pega en las ramas de los árboles y se congela al instante dejándolos con un aspecto que parece que los hayan caramelizado. Existe el peligro de que se partan por el peso. Teniendo en cuenta que aquí hay árboles centenarios cuyas ramas de varias toneladas cruzan por encima de las casas de madera el motivo es para preocuparse. He quedado con Jeff y con Tim para ascender una montaña con raquetas de nieve. Hay hielo en la carretera y tengo que conducir despacio y frenar con golpecitos secos y continuados al pedal. Aún así se resbala un poco el coche. No he visto más nieve en mi vida. En el jardín de casa los niños han excavado túneles por los que se meten a jugar. Increíble. Llegamos al aparcamiento. De aquí parte el sendero que nos conducirá a la cumbre de la montaña más alta de los Catskills, Slide Mountain. Son mil doscientos setenta metros pero, con tanta nieve y unas raquetas que me calzo por primera vez en mi vida, me da la impresión de que nos aventuramos por la cordillera del Tibet".

Guillermo Fesser
"A Cien Millas de Manhattan" (Editorial Aguilar)

Bisontes

Bisontes


Enero
"¡Ahí los tienes!, exclama Fredy. ¿Ves a la vaquilla?. Tardo en visualizarla porque sus lanas rubias se mimetizan con el amarillo de las pajas. Si, ahí están, a unos cien metros escasos. Encima de la colina. Como en las imágenes estereoscópicas del ojo mágico, de pronto se recortan del paisaje las siluetas de una treintena de bichos. Enormes cabezas, marrones y negras, con ojitos diminutos. Un macho levanta la cara. Aunque no nos vea, puede olernos. Con el viento a favor te descubren siempre, me susurra Longoria. Paramos junto a uno de los pump jack, las bombas de extracción de petróleo que llevan más de treinta años chupando del subsuelo un barril diario. No es mucho, pero ayuda a pagar impuestos"...

 

 

 


..."Buscamos ejemplares maduros. El macho adulto pesa novecientos kilos, el doble que una vaca. En los primeros dos años de vida el bisonte aporta todo el alimento a la construcción de una osamenta que impresiona, pues las costillas recubren también la parte de la joroba. La giba del bisonte no es un lugar para almacenar alimento como en los camellos. Se trata de un potente músculo que sujeta la enorme cabeza, tan pesada, que sin ella se iría a tierra. La empiezan a desarrollar, junto al resto de la musculatura a partir de los cuarenta y ocho meses. La hembra es fértil al cumplir los tres años y lo sigue siendo hasta el final de su vida, que suele rondar los veinte"...

..."vienen a la carrera. Son rápidos y fuertes. Los poderosos hombros les permiten alcanzar su velocidad punta de 48 kilómetros por hora en las dos primeras zancadas. En distancias cortas ganarían a un caballo sin problemas. Se mueven como una bandada de pájaros. Sus cuartos traseros son ligeros y giran sin perder un ápice de velocidad en la maniobra. El animal en punta hace de mando a distancia. Si cambia el rumbo, todos lo hacen. Si el líder decidiera embestirnos, el resto nos pasaría por encima".

..." Por la mañana, Sunny nos conduce al aeropuerto y, junto a las maletas, deposita una nevera portátil para transporte de congelados. ¿Y eso?. Medio en serio, medio en broma, le había mencionado en el viaje el talento de Miguel Ansorena, el asador navarro que maneja como nadie las carnes a la parrilla y ofrece el mejor chuletón del mundo en la sidrería Imanol de Madrid. Es un regalo de la casa para que lo prepare tu amigo el cocinero, me deja caer con una sonrisa. Adviértele que no la castigue con fuego demasiado fuerte, o le quedará muy seca. Nos dimos un abrazo. Gracias, de corazón".

Guillermo Fesser
"A Cien Millas de Manhattan" (Editorial Aguilar)

Vapor

 

vapor



"Mosto Technologies Inc." Primavera de 2004. Mi hermano Javier y yo estamos en el número 23 de la calle Treinta y Seis Oeste, entre la Quinta y la Sexta Avenida, tres años y medio antes de que todo lo descrito anteriormente haya ocurrido. La cañería de medio metro de diámetro instalada en 1924 en el entorno de la estación de Grand Central todavía no ha estallado por los aires. Estamos a punto de adentrarnos con Steve en el subsuelo de Manhattan. Vamos a aprender de dónde proviene el vapor que vemos salir por las calles. Vamos a entender por qué se forma una bomba de relojería bajo el asfalto cuando se filtra el agua de una tromba veraniega y condensa mortalmente al vapor que viaja atrapado en conductos de hierro fundido de más de dos centímetros de grosor.

Hace un día agradable. Caminamos por la Sexta donde los vendedores de perritos calientes empiezan a darle salida a los primeros hambrientos que bajan de las oficinas. El olor a cebolla guisada inunda las aceras. Vamos hacia la plaza Rockefeller, donde está la famosa pista de patinaje que sale siempre en las escenas navideñas y que ahora aparece convertida en una agradable terraza para tomarse algo al aire libre. No vamos a escalar sus decenas de pisos para poder contemplar un pedazo de Central Park entre rascacielos. Nos proponemos descender muchos metros hasta el cuarto de calderas, camino de las entrañas de la ciudad. El termómetro marca trece grados. Damos un pequeño rodeo y nos pasamos a la Quinta para contemplar de cerca la Biblioteca Pública. Fortaleza y Paciencia, los leones a los que pusiera apodo LaGuardia, que antes de ser un aeropuerto fue un alcalde, observan majestuosos desde sus pedestales de mármol como las ejecutivas cambian sus tacones de aguja por zapatillas de deporte y se sientan a saborear una ensalada de pasta fría en las escaleras.

A la altura de la Cuarenta y Cuatro vemos un escape de vapor. Mira, Steve, un escape de vapor. No, eso no es un escape de vapor. Junto al paso de cebra han colocado una chimenea de plástico de unos tres metros de altura que escupe humo blanco por arriba. Pues parece vapor. Es que es vapor. Espera, vamos a llevarnos bien: ¿cómo es eso de que el vapor no proviene de un escape? De un escape sí, pero no de vapor".

Guillermo Fesser
"A Cien Millas de Manhattan" (Editorial Aguilar)



Catamaranes de cuchillas en la superficie helada del río Hudson

 

hudson



"A principios de marzo el cauce del río Hudson amaneció congelado. Fundido en un sólido bloque de color blanco. Un disfraz de glaciar que ofrecía las mejores condiciones que se habían dado en los últimos veinte años para la práctica de la navegación sobre agua sólida. Éxito atribuible a un frío constante y sin precipitaciones que arrugaran la superficie. Resultado: el llamado hielo negro, liso y transparente, al que la ausencia de viento ha privado de burbujas y borrones. Como el fondo de cristal de un barco que lleva a los turistas a admirar los arrecifes de coral en el Caribe, en algunas áreas del río y, sobre todo en los lagos y estanques de Rhinebeck, los patinadores pueden observar por debajo de sus pies a las aletargadas tortugas y a los peces que se desplazan con la lentitud propia de la hibernación".

Guillermo Fesser
"A Cien Millas de Manhattan" (Editorial Aguilar)

 

 

 

 

 

 

 

 

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